2026-06-04 20:43:42 - ARGENTINA
448 días detenido en Venezuela. Nahuel Gallo dijo que ese número lo marcó tanto que ya piensa tatuárselo por lo que significó en su vida.
El gendarme argentino, nacido en Catamarca, contó el martes en una entrevista con CNN que tenía planes de pasar sus vacaciones en familia en Venezuela, de donde es oriunda su mujer, María, cuando el 8 de diciembre de 2024 fue detenido en el país, acusado por el Gobierno venezolano de presunta vinculación con acciones terroristas. Gallo negó tales acusaciones y aseguró que la conversación con su esposa, registrada en su celular, fue el motivo de su detención. En esos mensajes, que fueron revisados en la frontera cuando intentaba ingresar al país, se referían al entonces presidente Nicolás Maduro.
CNN consultó al Gobierno venezolano sobre las afirmaciones de Gallo de haber permanecido aislado y sobre las acusaciones de abusos a prisioneros y está a la espera de respuesta.
Estuvo recluido en la cárcel Rodeo 1, donde, según relata, sufrió tortura psicológica y fue testigo de golpes, hostigamiento y amenazas contra sus compañeros detenidos. Apenas pudo volver a comunicarse con su familia tres días antes de recuperar la libertad, el 1 de marzo de este año, tras intensas negociaciones diplomáticas. Según Foro Penal, hasta el 1 de junio de 2026, había 404 presos políticos en Venezuela, para quienes Gallo sigue exigiendo la libertad.
A continuación, una parte de la entrevista a Nahuel Gallo con CNN:
-¿Cómo han sido estos meses después de tu liberación?
-Mirá, hoy cumplo tres meses que estoy en Argentina. Pasaron muchas cosas. No puedo creer la dimensión de tantas cosas que han pasado. Así que, bien, tranquilo, tratando de… todavía sigo discerniendo información porque son muchos días que uno pierde.
-¿Cuántos días estuviste detenido?
-448 días y 445 días incomunicado.
-¿Una cifra que contaste día por día?
-Sí, contaba día por día, semana, minuto, horas, contaba todo el tiempo. Tachaba de mi celda cuántos días pasaron ya del día que perdí la libertad.
-Una historia, Nahuel, que empieza el 8 de diciembre. Ya vamos a ir al momento en el que estuviste detenido. Pero ¿qué pasó ese 8 de diciembre en el que quedaste detenido?
-El 8 de diciembre, anteriormente yo venía de Mendoza un poquito más para atrás, el 6 de diciembre estaba en Luján de Cuyo, Mendoza…
-¿De 2024?
-2024, claramente 6 de diciembre 2024. Me fui a Chile, a Chile, tomé un vuelo a Bogotá, de Bogotá a Cúcuta y de Cúcuta, iba a ir a Caracas y de Caracas a Puerto La Cruz. Ese era el itinerario del viaje.
-¿Cuál era el objetivo de ese viaje?
-El objetivo del viaje era pasar unas vacaciones de 20 días en Venezuela, conocer más en profundidad la familia de María y bueno, terminar las vacaciones y volver como grupo familiar para ir a Mendoza otra vez.
-Tu mujer, María, es venezolana.
-Es venezolana, exactamente. Y bueno, esa era la idea del viaje: pasar 20 días de vacaciones en Venezuela. Cuando pasé la frontera tenía que esperar una hora. Había una hora de diferencia de Colombia a Venezuela. Entonces tenía que esperar una hora que eran las 8:00, y esperar que venga el personal que me iba a entrevistar. Me dicen: ¿Cómo estás? ¿De dónde sos? ¿De qué país sos? Me piden el pasaporte; me pide la documentación. Yo le presenté la documentación. Me preguntan con qué fin vengo a Venezuela. Le comenté lo mío. Viajar. Mi familia me está esperando. En ese momento me empezó a hacer ciertas preguntas. Normal, control, supongo yo, hasta que me pide el celular. Yo le pregunto por qué el celular, que con qué finalidad, si el celular no se pide. Y me dijo: “Si vos no tenés nada que esconder, tranquilo”. Yo le doy el celular para que vea las fotos; termina de ver todas las fotos y solo se va al WhatsApp. Cuando él se va a WhatsApp, yo le digo ¿Por qué vas al WhatsApp? ¿Qué buscas? No, nada. Si vos no tenés nada, tranquilo, y yo le vuelvo a decir que eso no corresponde. Tranquilo, no pasa nada. Y puso Chávez y no encontró nada. Puso Maduro y encontró una conversación que tenía con mi mujer del año 2023 o 24, no me acuerdo. Había un pedido de captura de Maduro con US$ 50 millones en esa conversación. Y me pregunto tanta plata para un presidente. Bueno, era una conversación que teníamos. Y yo le digo: Pará, para agarrar a Maduro uno necesita un francotirador, necesita ciertos soldados entrenados para hacer ese pedido. Y bueno, son US$ 50.000. Yo creo que es bastante. Bueno, cuando él vio esa conversación, como que se impactó, empezó a decir: ¿Por qué habla mal de su presidente? Que esto no se hace, que no sé qué, que ahora tengo que reportar esta conversación a mi jefe.
-¿Llegó a haber violencia?
-Claro, en ese momento sí. Porque te tapaban la cara, te arrodillaban tirado en el piso. Yo me levantaba, me volví a levantar y ellos se enojaban. Yo le contestaba: “Y ustedes saben que están haciendo mal”, yo decía: “Hay tratados internacionales” y yo, en ese momento, sabía que ellos lo hacían para buscar la información. El viernes, de noche, me dice: ¿Dónde está el argentino que se va a Disney? Dije: “Bueno, supongo que debe ser el aeropuerto, o la parte de algún lugar o una calle. Pero no dije nada. Entonces fue el traslado hacia el Rodeo, hacia el penal y me pusieron en la celda.
-¿Cómo era la celda?
-Era de dos por tres. Era de cemento; tenía un hueco, como los baños que teníamos acá en los trenes, que era letrina, una canilla y nada más.
-¿Qué fue lo peor que te contaron y lo peor que viviste vos?
-Bueno, me contaron casi todas las atrocidades que pasé; casi se asemejan a todos, iguales, pero en diferentes situaciones. El miedo que me contaron es que yo, gracias a Dios, no lo tuve. Que a ellos les detuvieron a las mujeres, suegros, todos los que estaban rodeados a su alcance en Venezuela los detuvieron y pasaron la misma situación que entonces.
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-¿Qué fue lo peor que viviste vos?
-Yo creo que lo peor, lo peor que siempre hablo, pregunto, es ver que a otra persona le están pegando y no puede hacer nada porque está del otro lado de la reja. Eso, creo, que lo peor que puede ser que vea a un compañero. Le están dando gas pimienta, lo están, los están hostigando, le están pegando. Y bueno, puede ser que solamente hacer ruido, patear la puerta. Decir que no hagan eso. Un ejemplo: un japonés, una persona chiquita. Su cultura es diferente a la nuestra. Ellos tenían pelo largo y tenía pelo largo. Y a él le pegaron porque le querían cortar el pelo. Y él le dijo que no. Él no habla ni español; no habla. Y él cayó en la depresión porque le cortaron. Le cortó el pelo.
Había celdas de castigo, había castigos para personas que probablemente no querían acceder a ciertos comportamientos que vos decís que pedían, por ejemplo, cortarse el pelo.
Sí había señal de castigo en el cuarto piso. El famoso 4.º piso en el 4.º piso es la misma celda que nosotros, pero hay una camarita solamente que estás desnudo y esposado, sin nada, sin cuchetas, sin nada, nada. Estás como Dios te trajo al mundo, pero esposado por 24 horas o el tiempo que crean necesario.
-¿Vos, en algún momento durante la detención, pensaste tomar alguna determinación?
-¿Sobre?
-Sobre tu vida.
-Claramente que sí, obvio. En ese momento, cuando estaba en la celda que uno se pone a caminar, se pone a pensar qué pasa, que todavía vaya un año, yo sigo acá. Entonces uno se pregunta o se autocritica, se llena de hipótesis y dice: Bueno, ¿cómo hago para dejar de pensar cómo quitarse la vida? Porque han pasado varios compañeros que se han querido quitar la vida y no lo han logrado. Entonces el miedo al fracaso. No lo intenté. Solamente lo pensé. Me autocritiqué. Me autocastigué y dije: “No, no, no y no”.
-Nahuel, estás con la escarapela, con los colores de Argentina.
-Siempre.
-Y vos dijiste, en esa primera vez que hablaste públicamente, que la patria fue importante en esos días y que incluso, ¿qué hacías con jabones?
-Siempre yo decía de la bandera, la bandera y bueno, da la casualidad que nos daban jabón blanco y jabón celeste. Entonces derretí jabón con agua y empecé a hacer en la pared la bandera de Argentina. Pero bueno, pasaron los días y la bandera parecía Honduras porque no tenía sol de mayo. Y bueno, pasaron los días, pasaron los días, pasaron los días y bueno, justo se dio que nos daba un huevo duro, la yema del huevo, y dije: bueno, es amarilla, vamos a ver si dura o perdura. Y quedó así, quedó la bandera, la bandera mía, y todos jo***ndo. Decían cómo hice la bandera, por qué hice mi bandera, que me van a castigar. O sea, hubo varias veces que me la rayaron cuando salí al patio. Pero bueno, volví a hacerlo así.
-¿Y cómo fue el reencuentro con tu hijo, con María, con el resto de tus seres queridos?
-Bueno, fue todo al principio. Mi incertidumbre más grande era mi bebé; siempre fue mi bebé. O sea, saber que mi bebé me va a recibir, me va a reconocer. Agradezco a María el buen trabajo que hizo de mostrarle fotos mías. Entonces sabía quién era yo. El gordo se portó rebien, me abrazó se quedó todo el tiempo conmigo a upa. Yo no lo dejaba de besar, lo abrazaba.
-¿Quién sos después de todo lo que te pasó y nos contaste que te pasó?
-¿Quién soy yo? Sigo siendo el mismo. Siempre digo lo mismo. Soy el mismo. Nada más que con distintos proyectos. Con más metas por lograr. Yo creo que a veces uno dice que aprendió de lo que viviste. Algo bueno tengo que sacar. Entonces lo único bueno que saco es la cantidad de gente buena que conocí, que por eso uno trata de seguir luchando por los que todavía quedan ahí. Y bueno, tratar de desarrollarme y tratar de ser mejor persona que antes.
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