2026-06-04 13:39:41 - ARGENTINA
São Paulo, 4 jun (EFE).- “Construimos una sociedad inmunda, perversa, maligna, y acorralamos a ciertas sensibilidades, las ponemos contra el abismo al punto de que se vuelven capaces de asesinar”, afirma en entrevista con EFE el escritor colombiano Mario Mendoza.
Mendoza (62 años, Bogotá), quien visitó São Paulo con motivo del lanzamiento en portugués de su emblemática novela 'Satanás' (2002), desglosa una cruda radiografía de la contemporaneidad, en la que las exigencias sistémicas y la alienación tecnológica empujan a la población hacia un colapso mental.
"En la sociedad actual del hiperrendimiento, hay un momento en el que revientas", explica Mendoza al evocar las teorías del filósofo Byung-Chul Han sobre las patologías del cansancio moderno, que detonan depresiones crónicas y síndromes de fatiga.
"La sociedad te exige ser exitoso, te exige ser delgado”, describe el autor. Y es en este ritmo frenético cuando se gesta el colapso definitivo. "No te puedes levantar de la cama y no quieres abrir las cortinas ni ver a nadie”, expresa.
"Ahí ya cruzaste la línea. Tú dices ‘¿qué me pasa? Estoy en un autobús y me pongo a llorar’”, pregunta y se responde: “Pasa que ya estamos todos fracturados, todos escindidos, todos rotos”.
Para el autor de 'La Hora de los Lobos' (2026), esta olla a presión social conecta directamente con el trasfondo de Satanás, su obra inspirada en la masacre de Pozzetto perpetrada en Bogotá en diciembre del 1986, que acabó con un saldo de 29 personas asesinadas y 15 heridos.
El asesino, Campo Elías Delgado, fue su compañero de clase, y con él compartió varias discusiones sobre la dualidad humana a través de la lectura de obras como ‘Dr. Jekyll y Mr. Hyde’, de Robert Louis Stevenson.
'Satanás', lanzada en 2002, sigue siendo “un espejo incómodo” del que la gente prefiere apartar la mirada, aunque está más vigente que nunca.
Frente al mito simplista de que estamos a un día malo de perder la cordura, Mendoza apunta a una construcción mucho más profunda; a años de exclusión y silencios cotidianos que van minando la mente humana.
Este desgaste silencioso es el que, en sus estados más agudos, deriva en el Síndrome de Amok, que se utiliza para explicar a los asesinos “relámpago” como Elías Delgado.
“Ese individuo hizo eso porque antes fue injuriado, víctima de otros: de 'bullying', de matoneo permanente. Lo escupieron, lo vilipendiaron, lo segregaron”, detalló el autor.
"La pregunta no es por qué estos sujetos hacen lo que hacen, sino cómo es posible que no haya más", advierte, “porque lo que hemos hecho es fabricar el horror una y otra vez, repetidamente".
La "conformidad brutal"
El bogotano, que dice dejarle lo “políticamente correcto” a las nuevas generaciones, afirma que las personas prefieren tercerizar las culpas.
"Cuando uno piensa en el mal, uno cree que está del lado del bien. No conozco a ninguna persona que diga 'yo estoy del lado de los malos'. Eso no existe", explica.
Sin embargo, Mendoza expone la complicidad de una sociedad que practica diversos grados de “conformidad brutal para poder estar, fluir y formar parte".
En urbes como Bogotá, São Paulo o Ciudad de México, coexisten distancias sociales abismales, en donde buena parte de la población está “masacrada”, carece de acceso a la salud o está privada de hacer “las tres comidas diarias”.
"Es una cantidad de gente que excluimos y seguimos con nuestra vida como si no pasara nada", exclamó.
Esto se potencia en el entorno digital, en donde lo que “mueve” la red es “principalmente el odio, el anonimato, la violencia".
“El odio es una pasión viral transpolítica que se extiende rápidamente. Si yo llamo al odio, el odio inmediatamente me reproduce seguidores”, dice.
Al sumergirse en lo virtual, las personas se radicalizan y se alejan de la posibilidad de construir un tejido social.
"Tú ya no puedes conversar, no puedes discutir, inferir, calcular, sopesar, concluir... hay una cantidad de procesos mentales que no se están haciendo"; lo que genera que la comunidad se divida en "tribus" que defienden sus creencias "con el garrote en la mano", exclamó.
Ailén Desirée Montes
(c) Agencia EFE
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