2016-04-08 07:36:06 - REGIONALES
Tiempo de lectura: 1 minuto, 12 segundos Estaba en la puerta de mi casa pensando en mi cumpleaños que es mañana y esperando la visita de mi amigo Jesús Rubio, que como cada año llega a su Joaquín V. González natal a pasar sus vacaciones en familia.
Lo miro a la cara y noto en su semblante cierto rictus de desánimo. Lentamente sus ojos se le iban colmando de lágrimas cuando me dijo: Se murió mi padrino, el Lolo Velásquez. Fue crudo y entristecedor a la vez. Una triste tarde en un día de mala noticia.
Lolo fue una gran ser humano, y ciertamente se hizo merecedor del gran cariño que le teníamos todos los que tuvimos la suerte de conocerlo. Realmente fue una dicha estar cerca de él; por lo tanto, creo que debemos sentirnos muy dichosos por todos los buenos momentos que pudimos compartir a su lado.
"El gordo era esencialmente un buen amigo, que tenía la virtud de estar presente cuando más lo necesitabas. Además, siempre fue un gran colaborador de las instituciones culturales, sociales y deportivas de nuestra ciudad.
Solo nos resta decirle: ¡hasta luego camarada! Porque los grandes amigos nunca mueren, solo se van por un rato y después vuelven a cada momento con sus bromas, dichos y algunos buenos consejos.
Chau, Lolo querido. Siempre estarás entre nosotros.
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