Pasar la barrera de los 50 y haber tomado conciencia de que mi ‘biología está sostenida por la ciencia y la farmacología’, coloca a cualquiera frente a un espejo muy distinto al de la juventud. Lo que planteo no es una crisis menor, es el momento en que la ilusión del ‘tiempo infinito’ se desmorona y queda al descubierto la fragilidad del cuerpo.