Aunque el refrán popular dice que "nadie es profeta en su tierra", la historia y el presente están llenos de excepciones brillantes. Hay personas que como Blanquy Omar no solo logran el éxito en su lugar de origen, sino que se convierten en profetas o arquetipos, siendo considerablemente queridas por su propia gente. Blanquy es soberana del arraigo; una reina del orgullo regional.