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�Pata� se cas� con Alicia Gauna y de esa uni�n nacieron Florencia, Joaqu�n y Victoria, quienes representaron su raz�n m�s importante de vivir. �Pata� quedar� en nuestro recuerdo como un hombre sencillo y bueno. Un ser humano luchador que hasta el final, le dio pelea a la muerte. En febrero de 2.009, Zona Sur le realiz� una nota que hoy volvemos a reeditar en honor a la amistad y al enorme cari�o que le tuvimos todos.
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Su vida
As� como naci� su amor por Racing Club desde la infancia, de la misma manera surgi� su enfermedad: �Fiebre Reum�tica�. Este padecimiento, �con el correr de los a�os incidi� para su problema de salud final: �Insuficiencia Card�aca Cr�nica�. Las operaciones a las que fue sometido fueron duras pruebas pero a la vez le templaron el esp�ritu y lo llevaron a valorar las cosas simples y m�s amadas, el deporte (f�tbol, ciclismo, atletismo); los hijos, la vieja, los amigos, etc. Realiz� sus estudios primarios en la escuela Mart�n Fierro, con altibajos por su enfermedad. Posteriormente, y un poco m�s aliviado por los tratamientos m�dicos, �realiz� el secundario. All� cosech� muchos amigos en los distintos cursos. Tambi�n se destac� en competencias de intercursos e intercolegiales, especialmente en 100 metros llanos. De aquellas �pocas recuerda con cari�o a Nemo, Javier, Adriana, Rosa, Isabel, Eli, Santiago, Lucho Jer�z y Bagallo, entre otros.�
�Pata� empez� a jugar al f�tbol cuando ten�a 18 a�os de marcador de punta izquierdo. Esto se convirti� en una pasi�n para �l y empez� en YPF, despu�s pas� al club Dr. Joaqu�n V. Gonz�lez�hasta los 27 a�os cuando dejo de jugar. Entre esos a�os tambi�n se desempe�o en los campeonatos de barrios que organizaba la municipalidad, juagando para: el equipo de los Panaderos, Campo Redondo, la 20 de Febrero y Argentina 85'. �De esa �poca conoci� muchos amigos que lo marcaron en la vida y le dejaron recuerdos inolvidables: los hermanos Kair�z, Luis Garbarino, Esteban Paz, Daniel Juncos, Pollo Tejada, Boga S�nchez, Micha Arias, Pan Duro, entre otros.�
Es importante destacar que �Pata� tambi�n se dedic� a entrenar peque�os futbolistas para el club Dr. Joaqu�n V. Gonz�lez, junto a Pitico J�uregui, el loco Alberto Montenegro (ya fallecido) y Negrilo. �En aquel entonces el presidente era Mario Biasutti que siempre puso empe�o en ayudarlo, como tanta gente de nuestra ciudad a la cual �l siempre agradeci� con profundo cari�o.
�Pata�, a pesar de tantas vicisitudes que el destino le oblig� transitar, mantuvo hasta el final, ese humor ocurrente y vivaracho.�
Cuando en diciembre de 2.008 y enero de 2.009, nos encontr�bamos habitualmente para ir armando la historia de su vida (que sali� publicada en ZONA SUR en febrero de 2.009), nos hicimos muy amigos; y lo que escrib� para �l, se lo regal� en vida. Adem�s, por esos d�as, grab� su voz leyendo este art�culo y tambi�n cantado una canci�n. En ese momento le escrib�a lo siguiente:
�Quiz�s hoy su salud ambivalente lo sensibilizan y emocionan un poco m�s, aunque su naturaleza luchadora restituye su aliento y optimismo, aquel que lo hace so�ar en una recuperaci�n definitiva que le conceda el placer de disfrutar un poco m�s de lo que queda del d�a. A veces mira al cielo con los ojos empa�ados y con pena, �como intentando descifrar explicaciones, aunque no hay respuestas que mitiguen el sufrimiento. Tal vez, en la lectura indispensable y esencial de nuestras vidas, se encuentren argumentos completos de nuestra presencia f�sica en la tierra. As�, solo en esa observaci�n.�
Sin aviso previo, su cuerpo vuelve a sacudirse por las palpitaciones de un coraz�n desquiciado que lo tiene a mal traer. Mira de nuevo al cielo y esta vez (como en una fotograf�a), los contornos de sus hijos aparecen con los brazos enlazados a su cuello. Ah� comprende la verdadera raz�n de su existir y releva las l�grimas amargas por las dulces. Ah� tambi�n comprende el sentido animado de su lucha� y vuelve lentamente a sonre�r�.
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An�cdotas
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Che� �Alguno trajo la sal?
�Pata� andaba algo trist�n por la operaci�n, y los amigos para hacerlo sentir bien lo invitaron al r�o. Compraron solamente asado, pero en abundante cantidad como para que les quede para la noche. Lo llevaban a Rub�n Dar�o de asador. Una vez que llegaron al r�o se dispersaron a pescar cada cual por su lado; solo qued� el asador para preparar todo. Al mediod�a empez� a llamarlos a los comensales y cuando se reunieron para almorzar, Rub�n Dar�o le dijo: �muchachos, el asado est� listo pero solo hay un problemita� �Alguno de ustedes trajo la sal? Todos se miraron unos a otros como tratando de encontrar alguna explicaci�n para el olvido. Finalmente terminaron comi�ndolo con bicarbonato, pero el �nico beneficiado fue el amigo �Pata� dado que los m�dicos justamente le hab�an indicado prescindir del sodio. La mayor�a prefiri� tomarse un mate cocido con pan, mientras que nuestro amigo Santill�n se la pas� comiendo asado toda la tarde.
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�Chango, las valvulitas!
Otra vez en el r�o se qued� toda la noche pescando con la muchachada. �Pata� puso una l�nea muerta (la tanza atada a un palo, sin ca�a). Al otro d�a a la ma�ana se levanta a ver la tanza, y en lo que estaba recogiendo, el bicho le pega un tir�n y lo lanza al agua enred�ndolo con parte de la l�nea que recogida. Cuando intentaba salir, el pez lo volv�a a hundir, hasta que logr� sacarse la tanza de los pies. En el �nterin que sal�a a flote y luego se hund�a, �l ve�a a los muchachos (Pan Duro, Kely y Colch�n Kair�z) que le hac�an gestos para que salga a la orilla, hac�an se�as nom�s porque estaban �copeteados�. Cuando logr� emerger, pudo recoger la tanza y sacar un portentoso bagre que estaba enganchado. Cuando lo vieron salir los changos, atinaron a gritarle con cara de asustados: ��Chango, las valvulitas, las valvulitas!� (en obvia alusi�n a las v�lvulas del coraz�n que acababan de operarle).